lunes, 26 de octubre de 2009

Hoy va por ti...

Porque aun en ocasiones me sorprendo pensando en ti, porque puede que aun no haya sabido pasar página. Esto no trata sobre lo que sentí por ti, trata de los restos que me dejaste.
No se si puedo llamarlo rencor, ya que casi un año despues seguimos manteniendo contacto, pero creeme, que cuando lo paso mal, cuando alguna situación me achanta me acuerdo de ti, de lo que me convertí siendo un ave de paso en tu vida.

Tengo asumido que eramos completamente incompatibles, sigo queriendo creer que nunca lo hiciste con maldad sino con rebeldía, pero el daño ahi está, de una forma u otra.

Lo que más me alegra recordar no son los momentos que pasamos juntos, sino cuando me dejaste. No se de donde saqué las fuerzas, nunca me creí tan fuerte, nunca lloré tanto de pura rabia por salir a flote como fuera, y lo conseguí, aunque solo de cierta manera.
Desde aqui te doy una importancia en mi vida, una mierda de importancia que solo le he acreditado a otras dos personas en mi vida con las que nunca estuve involucrada sentimentalmente: la importancia de haberme marcado negativamente y que tiempo después cuando me siento hundida es con el olor de vuestro rastro.

Ahora tengo que superar el envolverme en en un sentimiento de inadecuación cuando conozco gente nueva. Porque durante un año estuve constantemente evocada a escuchar que yo era la que desentonaba constantemente. Siempre era yo la que tenía mis fantasmas en la cabeza, y la vida me ha dado que el tiempo demostró que no era así.

Siempre estaba en tela de juicio mi manera de ver la vida, siempre era yo la oveja descarriada que no sabía lo que decía. Menos mal que el tiempo pone a todos en su sitio y una vez más me dio la razón.

Tantas situaciones obligadas se me presentaron que empecé a creer que tenía un problema, que no servía, que no valía, que me quedaría sola, que no era merecedora de nada, y menos de alguien que me quisiera. Y una vez más, el tiempo me dió la razón, eso no es así.

Curiosa es la mente del ser humano, y aunque me conste que al menos en el 90% de lo que viví yo estaba en la postura correcta, mi cabeza pone en duda tantas cosas todos los días...

Sé que esto pasará, que algun día seras lo que tienes que ser: esa persona con la que nunca podría convivir. Serás pasado, serás un recuerdo, serás el tiempo que me hundió y que me hizo ver finalmente que sí que valía, pero de momento, aunque me pese, tu rastro me pasa factura día tras día.

Tengo un nudo en la garganta al recordar, pero sé que se pasa tragando.

martes, 20 de octubre de 2009

Desarraigo emocional

Aqui estoy de nuevo, a unas horas en las que debería estar roncando a pierna suelta, pero... ¡es que necesito mi espacio! a estas horas todo se calma y encuentro mi huequecito.
Puede que sea una de las cosas por las que volví a escribir aquí.
Ha habido mucho ajetreo en estos últimos meses y mi cabeza me pide a gritos un poco de estabilidad. Dos mudanzas en 8 meses sin hacer nada de por medio que durase el tiempo suficiente como para crearte una rutina (aunque finalmente termines odiandola) hacen que tu cerebro empiece a arder.

Cuando estaba creando mi espacio en Madrid, decidi venirme a Galicia solo a pasar el verano, encontrar un trabajillo, y volverme a buscar la estabilidad ansiada en la ciudad soñada, pero...
Hay que elegir, sopesar pros y contras, valorar las nuevas circunstancias y... decidir.
Aun hay días, que me lamento por haber sido igual que siempre, pese a que me lo prometí, por haber cambiado mis planes una vez más. He de reconocer que me duele estar aqui despues de tantos años queriendo estar en Madrid y lo que me costó superar la cobardía para irme definitivamente. Aunque realmente simplemente cambié una cobardía por otra. Espero realmente afianzarme aquí, porque si no esta decisión va a pesarme mucho, muchisimo.

Y ahora aquí... se supone que tendría que sentirme como en mi casa, pero no es así. No encuentro mi rincón, ese sitio para sentarme cuando me agobio, o cuando simplemente no quiero hacer nada, ese rincón en el que sentirme protegido, sentirlo como mi espacio.

Ahora comparto mi vida con otra persona, y es muy bonito, pero ¡quita mucho tiempo! no encuentro el momento de hacer cosas para mi, mias, esas que hacía antes porque estaba sola, como simplemente sentarme a leer en mi habitación (ya no es mia, es de dos!), o estar entre mis libros, recuerdos, y en general, rodeada de mi vida (ahora todo eso está a 600kms o empaquetado en cajas porque no tengo sitio).
De hecho, hasta el viernes pasado no podía utilizar mi portatil y compartía ordenador, por lo que mis cosas (documentos, fotos, webs favoritas, etc...) no estaban al alcance.

El problema es que cuando vuelvo a mi casa sigo con la misma sensación porque mi vida ya no está alli, solo son recuerdos y además mi regreso solo es una visita, con lo que la relación con la familia se torna, a mejor en el sentido de que se estrechan lazos más si cabe debido a la distancia, y a peor porque ya no compartes las mismas cosas que antes y como antes.

Es inquietante esto... la novedad hace que sea intenso e ilusionante, pero cuando pasan unos meses empiezas a desear echar raices en algun sitio y volver a tener la sensación de estar como en casa.

Madrid te deseo, y Cantabria te quiero, pero aqui parece que he encontrado lo que siempre busqué en el terreno más importante de mi vida, ese que siempre ha sido mi punto debil: el amor.

lunes, 19 de octubre de 2009

Si tu eres feliz, yo soy feliz

Ahora mismo, 3 en punto de la mañana, me sorprendo con una idea de las mías...

Recuerdo con regodeo el día de hoy. Comida campestre en situación de dudosa higiene (barbacoa con los utensilios encontrados en el mismo monte) a lo que diré con gran sonrisa en la boca para no perder la costumbre de mis apelaciones al refranero español: "lo que no mata engorda", todo ello envuelto por una manada de perros, cada uno con sus respectivos dueños (menos mal).

Sorprendentemente, caminando cuesta arriba me invade la felicidad. Un sentimiento repentino lo suficientemente intenso como para sobresaltarme. Caigo en la cuenta de que me siento feliz porque mi perra está en un estado de éxtasis, inmersa en su gran día lleno de entretenimientos, con sus amigos, sus bellotas por el suelo para jugar, el bebedero de caballos para bañarse, cientos de palos que morder y ¡un chorizo que le ha caido de la barbacoa!... vamos, lo que viene siendo lo más de lo más para un perro.

Todo esto suena raro, pero lo voy a llevar a otro terreno, al que me ha hecho pensar... pues fácil sería ser feliz solo porque tu perro lo es, pero la realidad es que eso es tan primario como ser feliz solo porque tienes zapatos para no andar descalzo y magullarte los pies.

Hay multitud de personas que viven por y para hacer feliz a los demás, que se alimentan de una sonrisa, de unas palabras de gratitud, que se sienten realmente plenas con ver que otros son felices. Esto no crea gran problema de entrada: tu eres feliz, yo soy feliz, todos felices...
Pero... ¿no es el ser humano egoista por naturaleza y realmente se nutre de su propio beneficio? cuanto más beneficiado, más contento.
¿Como puedes ser feliz solo porque otra persona lo es? que le aporta al como ya hemos dicho egoista ser humano la felicidad de otra persona?
Coño...¿es ahora la felicidad contagiosa?

Me voy a dormir que creo que va a ser mejor, porque cuando mañana lo lea me plantearé si lo que es contagioso es la "inteligencia" de los perros y si durante el día de hoy se me ha pegado una cuanta.

viernes, 16 de octubre de 2009

Reflexiones

Tiempo ha pasado desde que desahogaba las vueltas que daba la noria de mi cabeza en este blog.

A veces, reflexionar sobre tu vida pasado un tiempo, aunque en ella se hayan dado grandes cambios, te hace darte cuenta que por mucho que cambie el contenido, todo sigue siendo lo mismo.

Just the same...

¿En que se ha convertido la chica que se fue de su casa para buscarse las habichuelas en la capital de España?

Bien, ( o mal) ahora es una gallega de adopción que echa de menos su antigua vida y su familia. Que tiene dos nuevos tesoros en su vida: un gran chico, alguien con quien nunca pensó encontrarse, y una perra (sí, reiros). Ambos llenan de sentido su vida, pero sigue buscando su sentido, uno con el que ella pueda denominarla, y esto posiblemente es lo que hace que mi mente inquieta siga cuestionando todo lo que pasa por ella.

¿Y donde estan mis habichuelas?
En la tienda, porque con la crisis aqui no hay manera de ganarse la vida. Y no... la culpa no es de Zapatero.

Otro día más y mejor, que la inspiración se me ha ido con el café que espera humeante en una taza.